¿Para que sirven
las emociones "negativas"?


Las emociones, aun las "negativas" nos ayudan a relacionarnos y adaptarnos al mundo que nos rodea. Aprende a manejarlas, para que no te controlen.


¿Cuál es tu actitud,
ante los "sentimientos negativos"?



¿Los puedes manejar?




“Es la mente la que crea el mundo que nos rodea y aún cuando nos encontramos juntos, parados en la misma pradera, mis ojos nunca verán lo que los tuyos contemplan y mi corazón nunca se agitará con las emociones que conmueven al tuyo”.
George Gissing (Novelista ingles).




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Esta sección te ayuda a:


1.- Entender la importancia de las emociones en nuestra vida.
2.- Comprender, para qué nos sirven.
3.- Saber qué hacer.






La importancia de las emociones.


La mayor parte de la gente ha aprendido, equivocadamente, que lo importante es sentirse siempre bien.
Esta idea nos lleva a tratar de evitar, a toda costa, lo que llamamos emociones "negativas".

¿Cómo?

  • Negándolas,

  • "anestesiándonos" con alcohol, drogas o medicamentos,

  • evitando enfrentarnos a la realidad a través de cualquier tipo de adicción:

    • Comida,

    • deporte,

    • trabajo,

    • compras,

    • sexo,

    • etc.,



  • buscando actividades peligrosas que nos provoquen fuertes descargas de adrenalina,

  • etc.

Los sentimientos se califican como positivos o negativos, cuando en realidad no son ni buenos ni malos.

Deben de ser considerados como adaptativos o desadaptativos, adecuados o inadecuados, dependiendo del momento en que surgen, su intensidad y la manera en cómo nos afectan.

El miedo, ante una situación que pone en peligro nuestra vida, nos permite protegernos.
En ese momento se considera positivo.
El miedo a la crítica de los demás, nos impide hacer muchas cosas y nos desgasta constantemente, por lo que en esas situaciones, se calificaría como negativo.

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Función de las emociones.


Las emociones o sentimientos, son muy importantes en nuestra vida, porque:
  • Reflejan nuestro mundo interno.
    Nos informan de cómo vivimos, en nuestro interior, lo que sucede a nuestro alrededor.
    Esto nos permite conocernos mejor y satisfacer nuestras necesidades y deseos y entender muchas de nuestras conductas.



  • Dirigen una gran parte de nuestras conductas.



  • Nos indican cómo estamos evaluando y juzgando las diferentes situaciones que vivimos.



  • Nos ayuda a tomar decisiones, porque por mucho que analicemos y pensemos sobre los pros y contras de las cosas, al final, lo que sentimos como resultado de dicho análisis, nos lleva a elegir.



  • Nos permite darnos cuenta de nuestros pensamientos y actitudes y nos ayuda a cambiarlos, cuando es necesario.



  • Facilita nuestra adaptación al medio ambiente y nos ayuda a actuar adecuadamente.
    Por ejemplo:
    El enojo nos indica que algo nos está molestando y nos motiva a solucionarlo.
    El miedo nos sirve para reconocer que nos enfrentamos a una situación que puede ser peligrosa y nos ayuda a protegernos.
    La tristeza nos señala que estamos frente a un hecho doloroso y nos impulsa a una reorganización.
    La alegría destaca circunstancias placenteras y benéficas y nos estimula a buscar otras similares.



  • Nos ayudan a relacionarnos mejor.

Expresar abierta y adecuadamente nuestras emociones, nos ayuda a relacionarnos mejor, porque:

  • Facilita una mayor intimidad.

  • Permite que las otras personas nos conozcan mejor y nos puedan entender con mayor facilidad.

  • Cuando no expresamos nuestros sentimientos, las personas tienden a suponer o adivinar lo que nos sucede y esto puede generar conflictos.

  • Puede regular la conducta de los demás, porque les muestra que actitud tomar frente a nosotros en esos momentos.

Las emociones conocidas como primarias (miedo, sorpresa, aversión, ira, alegría y tristeza), son reacciones que pueden surgir de forma automática.
Son intensas y de corta duración.
Si cualquier emoción se prolonga, es porque está siendo "alimentada" por nuestros pensamientos.

Cada persona vive y expresa sus sentimientos de una forma muy personal.
Esto sucede por su carga genética y por las experiencias vividas, que hacen que perciba e interprete la realidad de manera diferente a los demás.

Por ejemplo:
Dos personas tienen que pasar junto a un perro grande.
Una de ellas puede "verlo" como peligroso, si en alguna ocasión fue mordido por uno.
La otra puede "verlo" como hermoso y amigable, sobre todo si siempre tuvo perro en su casa.
La primera persona, seguramente sentirá miedo y tratara de evitarlo, mientras que la segunda se sentirá tranquila e incluso contenta y probablemente lo acaricie.

Las experiencias vividas, son como un cristal de color a través del cual vemos el mundo.
Esta percepción influye en nuestras emociones.
Ciertas experiencias nos hacen ver todo a través de un lente sumamente oscuro y otras, a través de uno claro y lleno de luz.

Sin embargo, nosotros podemos quitar ese cristal que distorsiona y afecta nuestra manera de ver al mundo y de reaccionar ante él.
Cuando ese cristal empezó a ser parte de nosotros mismos, no teníamos la capacidad, herramientas y fuerza necesarias, para evaluar y calificar adecuadamente lo que vivimos y nuestra forma de reaccionar.

Hoy ya no somos esos niños o adolescentes vulnerables.
Hoy podemos ver las cosas desde un punto de vista diferente, porque somos más fuertes y capaces.
Podemos solucionar los problemas o buscar ayuda, si la necesitamos.
Podemos manejar el dolor y nuestras emociones "negativas".

Los sentimientos son personales.

Nadie puede valorar, aprobar o descalificar nuestros sentimientos, porque las emociones son subjetivas, basadas en nuestro aprendizaje y experiencias muy particulares.
Lo que sí puede ser calificada es la manera de expresarlos.
Cada persona es responsable de sus sentimientos y de lo que hace con ellos.

Nadie puede obligarnos a tener determinadas emociones.

Una persona puede hacer o decir ciertas cosas, incluso con la intensión de hacernos sentir mal.
Pero el malestar no surge de la conducta de la persona, sino de lo que nosotros pensamos de su conducta, de sus palabras y de nosotros mismos.

Por ejemplo:
Una persona nos dice que somos muy tontos.
Si le creemos y pensamos que tiene la razón, nos podemos sentir devaluados o humillados.
Si pensamos que nos quiere lastimar a propósito, nos enojamos.

Pero si nos decimos: "esa es su opinión, pero yo se que no soy tonto y no vale la pena darle importancia a lo que dice", nos vamos a sentir tranquilos.

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¿Qué hacer?

Es importante aprender a detectar y aceptar nuestras emociones, para poderlas manejar y no ser manejados por ellas.

También es necesario aprender a expresarlas adecuadamente, eligiendo:

  1. La persona adecuada,

  2. el momento y lugar correctos,

  3. la forma de hacerlo.

Cuando expresamos una emoción, es importante hacerlo en primera persona (yo me siento…) y no atacar o culpar al otro.
También es necesario ser claros y concisos, sin darle muchas vueltas, para que los demás entiendan fácilmente lo que estamos expresando.

Recuerda que luchar contra nuestras emociones, aumenta nuestro malestar y hace que nuestra atención y energía se centren en la emoción y no en la solución del problema.
Lo mismo sucede cuando nos enfocamos en negarlas o en quejarnos de ellas.

Conoce más detalladamente, la relación entre nuestros pensamientos y nuestras emociones y de la importancia de ciertas ideas y creencias, que nos pueden estar afectando.

Para controlar y disminuir las emociones que nos están perjudicando, necesitamos reconocer y aceptar los pensamientos que las mantienen o incrementan y modificarlos.
Esto no significa simplemente cambiarlos por un pensamiento contrario.
No se trata de cambiar el "no puedo, soy incapaz", por "si puedo, soy muy capaz", si no me creo esto último.

Se trata de hacer un análisis objetivo y detallado del porqué de dicho pensamiento y del motivo por el que es un pensamiento erróneo.
Para ello es importante conocer nuestro estilo de pensamiento y aprender a cambiarlo, si es erróneo y nos perjudica. Todo pensamiento que mantiene una emoción innecesariamente, es erróneo.

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Psic. Silvia Russek
Lic. En Psicología Clínica.
Maestría en Terapia de Pareja.
Tel. 044 55 1924 9863 (Ciudad de México).
e-mail: bienestar.e@gmail.com

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Silvia Russek.




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