¿Cómo puedo demostrar,
que yo tengo la razón?



Pensar siempre que yo tengo la razón, nos desgasta emocionalmente y afecta, seriamente, nuestras relaciones.



¿Crees que siempre tienes la razón?

Tu actitud, puede dañarte.



“Salva tu piel de los ácidos corrosivos de la boca de personas tóxicas. "Alguien que te acaba de ayudar a hablar mal de otra persona puede ayudar a otra persona a hablar mal de ti". Israelmore Ayivor (Escritor motivacional).




                ¿Necesitas tener siempre la razón?


¿Alguna vez, has analizado lo que dices cuando platicas con la gente?

Si lo hicieras, cuidadosamente, te darías cuenta de que la mayor parte de dicha plática éstas están formadas por opiniones subjetivas, es decir, lo que crees y piensas sobre hechos, personas, conocimiento adquirido, valores, etc.

Pero eso es algo que te pasa a ti, a mí y a toda la gente.

El problema es que, al ser subjetivas y personales, no podemos considerarlas como verdades absolutas, sin embargo, con frecuencia, actuamos como si lo fueran.

Todos tenemos un ego y, generalmente, éste quiere siempre tener siempre la razón y el poder, sin que le importe el precio que tiene que pagar para lograrlo. Para él, tener el control, puede llegar a ser una obsesión.

¿Por qué desarrollamos esta actitud tan negativa, que nos causa tantos problemas?

Por un lado, porque tener la razón y demostrarle a los demás que están equivocados, nos hace sentir bien, más inteligentes y capaces, mientras que, si es al revés, nos sentimos tontos e incapaces y lo que es peor, pensamos que esa es la imagen que la gente se va a formar de nosotros y, a partir de ella, nos va a despreciar, valorar negativamente e, incluso, podría llegar a rechazarnos.

Por otro lado, si tenemos lo que se conoce como pseudo-autoestima, es decir que, aparentemente damos la impresión de tener una autoestima muy elevada, con una gran seguridad, (aunque en realidad estamos tratando de tapar una inseguridad oculta, incluso ante nosotros mismos), necesitamos convencer a los demás y convencernos de que somos “más y mejores” y, por lo tanto, sabemos más.

Finalmente, porque nos identificamos con nuestros pensamientos y cuando alguien ataca una de nuestras opiniones, reaccionamos como si atacara a nuestra persona.

El problema se complica, porque discutimos e incluso peleamos, por defender una realidad que no es tal. Debemos tener en cuenta, que la mayor parte de lo que “vemos” no es 100% objetivo y real en su totalidad, ya que está distorsionado y calificado por nuestras experiencias pasadas, forma de pensar, valores, estados de ánimo, parámetros con los que comparamos lo que estamos observando y evaluando, etc. Por lo tanto, lo que para unos es grande, para otros es pequeño, alguien puede calificar de alegre lo que otro de triste, y así sucesivamente podemos hablar de bueno-malo, peligroso-seguro, etc., etc. con cualquier cosa, persona o concepto.

Además, en este mismo aspecto, lo que nosotros vemos y pensamos, es como una fotografía de la realidad, pero la fotografía, no es la realidad, hay una gran diferencia entre ambas, así como la hay entre nuestras descripciones de esta última y su forma de ser.

¿por qué nos afecta tanto, reconocer que no tenemos la razón?

Porque, al no tenerla, le damos el significado, equivocado de, “entonces yo estoy mal” En este caso, el gran error está en que, en lugar de decir, en este punto del que estamos hablando, estamos en desacuerdo, porque tenemos opiniones diferentes” o “realmente, esta persona tiene razón y, en esto, yo estoy equivocado,”, generalizamos y nos calificamos y valoramos como personas por un único aspecto. No somos nuestros pensamientos, somos seres humanos con millones de pensamientos y opiniones y si algunos de estos son erróneos o simplemente difieren de los de otras personas, no significa nada malo.

El problema viene, también, porque estamos colocando nuestro nivel de autoestima en la opinión de la gente y en los mensajes que recibimos o que creemos que la gente tiene de nosotros en lugar de que dependa únicamente de nosotros mismos.

Es importante distinguir entre creer que yo tengo la razón a estar convencidos que todos los demás están equivocados y tiene, a fuerzas, que creer en lo que yo digo, ya que es la verdad absoluta. No es lo mismo defender mi opinión que querer convertir ésta en una verdad absoluta.

La pregunta adecuada sería, ¿vale la pena el precio que estoy pagando?





Consecuencias de aferrarme a que yo,

siempre, tengo la razón.


1.    Podemos lastimar a una persona o crear conflictos con aquellos que nos rodean, provocando que la gente se canse o enoje por nuestra actitud y la relación se deteriore.

2.    Invertimos una gran cantidad de energía en las discusiones y en nuestro empeño por lograr que los demás reconozcan que tenemos la razón, así como en el enojo que sentimos, cuando no lo logramos.

3.    Siempre estamos discutiendo, defendiéndonos y, por lo tanto, fácilmente acabamos de mal humor.

4.    Nos rigidizamos y dejamos de aprender y crecer, porque no vemos otros puntos de vista y otras opciones.

5.    No aprendemos a discutir y a negociar adecuadamente, porque ni siquiera escuchamos correctamente, ya que todo el tiempo estamos pensando en lo que tenemos que decir para “ganarle” a la otra persona.




¿Qué puedes hacer?

Recuerda que tu valor como persona, tu autoconcepto y autoestima, no dependen de cuántas veces tienes o no la razón.

Ten en cuenta que, el que otra persona tenga la razón y tú estés equivocado, no hace que seas más tonto, incapaz, inculto, etc., simplemente indica que, en ese punto, ella sabe un poco más que tú, como seguramente, en muchos otros, tú sabes más.

Piensa, además, que ni siquiera se trata de ver quién es mejor o más inteligente, simplemente se trata hablar sobre dos puntos de vista distintos, que no modifican a las personas.

Ten en cuenta que, si te abres a la posibilidad de que la otra persona tenga la razón, te abres a nuevos conocimientos y opciones que pueden enriquecer tu vida de una manera importante.

Pregúntate. “Si sigo discutiendo, para imponer mi forma de pensar, ¿qué puedo ganar y qué puedo perder?, ¿Qué es más importante, imponer mi punto de vista o la relación?”

La próxima vez que discutas con alguien, piensa cómo verías tú, esa misma situación, desde el punto de vista de esa persona.

Ten en cuenta que, si cada persona es diferente, es imposible que todos piensen como tú.

Piensa que, si deseas, realmente, resolver un problema o dificultad, debes de escuchar atentamente y con respeto a la otra persona y considerar su punto de vista.

Si deseas cambiar, trabaja para desarrollar una personalidad más flexible y empática.

Date cuenta que aceptar que la otra persona tiene derecho a pensar diferente y que él puede estar viendo una situación desde un punto de vista distinto, no quiere decir que tú tienes que estar de acuerdo con lo que él dice, simplemente aceptas que existen diferentes opiniones.

Recuerda que mientras más nos rigidizamos con nuestras creencias, más nos enojamos con la gente que piensa diferente, menos las escuchamos y más perdemos.




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Lic. Silvia Russek.
Lic. en Psicología Clínica.
Especialidad en Terapia de Pareja.
Especialidad en Terapia Cognitiva.
Terapia por Internet. por videoconferencia.
Citas:
e-mail: bienestar.e@gmail.com



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Silvia Russek.