1.- Entender el significado e importancia de nuestras creencias sobre la vida diaria.
2.- Darnos cuenta cómo aprendemos nuestras creencias.
3.- Saber qué hacer.
¿Qué es una creencia?
Todos pensamos.
Pensamos sobre:
Lo que nos gusta y lo que no nos gusta,
lo que vemos, oímos y sentimos,
lo que pasó y lo que queremos que pase,
etc.
Son pensamientos que no nos provocan emociones fuertes.
No son determinantes en nuestra vida.
Pero existe una serie de pensamientos que si dirigen nuestra conducta y nuestras emociones, porque les damos un gran valor y una gran importancia.
Son "verdades" en las que creemos ciegamente y por eso las llamamos creencias, aunque no tienen nada que ver con la religión.
¿Te suena ilógico, exagerado?
Veamos el siguiente ejemplo:
Bertha tiene 6 años.
A su tía la abandonó su esposo, dejándola sin dinero y con 6 hijos.
Su mamá se pasa los días llorando y diciéndole todo el tiempo:
"No se puede confiar en los hombres. Son muy egoístas y sólo piensan en su bienestar. No les importa lo que le pasa a su mujer"
¿Qué crees que va a pensar Bertha sobre los hombres cuando sea mayor?
¿Cuáles crees que van a ser sus creencias sobre la relación de pareja o sobre los hombres?
Por otro lado, Martha, una compañerita de la clase de Bertha, es hija de una pareja que tiene muy buena relación.
Se quieren, se respetan y ayudan.
La mamá siempre le habla a Martha muy bien del papá.
En la familia de Martha, no se hacen comentarios desagradables sobre los hombres.
Al contrario.
El ejemplo que Martha ve a su alrededor sobre lo que es una relación de pareja es positivo.
¿Crees que cuando Martha y Bertha sean grandes, se van a relacionar de la misma manera con los hombres?
Seguramente no.
La diferencia está en lo que cada una de ellas va a creer sobre el sexo masculino.
Todos tenemos una serie de creencias que modelan nuestra vida.
La mayoría de ellas las aprendimos sin darnos cuenta y se han vuelto automáticas e inconscientes.
Uno de los principales problemas es que en ocasiones no estamos conscientes de esa forma de pensar, desconocemos esas creencias o les damos poca importancia y nos hacen sufrir.
Incluso las negamos cuando nos dicen que estamos actuando de acuerdo a esa manera de pensar.
¿Conoces a alguna persona que asegura que todos somos iguales, pero que al hablarle a un empleado o a una persona pobre, usa un tono de voz diferente que cuando habla con alguien rico e importante?
Sus palabras dicen una cosa, pero su conducta muestra lo contrario.
¿Por qué?
Sus palabras reflejan lo que es correcto socialmente o lo que la persona piensa que se debe decir para ser aceptado o admirado en su grupo social.
Quizá, incluso esa persona puede pensar que el es honesto cuando afirma que todos son iguales.
Pero su actitud muestra sus creencias verdaderas, aunque posiblemente inconscientes para él.
Nuestras creencias no sólo influyen en nuestra forma de vivir, actuar y sentir.
Pueden afectar nuestro cuerpo y nuestra salud.
Podemos ver su importancia en el siguiente ejemplo:
En un hospital se hizo un experimento con personas con cáncer.
Se dividió a la gente en dos grupos.
Les dijeron qué a todos les iban a poder quimioterapia.
A uno se le puso suero con quimioterapia normal y al otro el suero solo.
Los dos grupos perdieron el pelo.
¿Qué pasó?
Las personas que no sabían que el suero no tenía quimioterapia, creían (estaban convencidas) que se les iba a caer el pelo.