Aprendiendo a rechazarnos.
Con frecuencia, los padres tienden a:
Regañar a los hijos cuando actúan mal,
compararlos con otros niños,
ponerles metas difíciles de alcanzar,
darles poco reconocimiento por lo que hacen bien, sobre todo si son actividades o conductas consideradas como poco importantes,
enojarse con los niños si no son como ellos o como ellos hubieran querido ser
etc.
Independientemente de la forma en que los padres se dirijan a ellos directamente o hablen de ellos con otras personas, cuando se da cualquiera de las situaciones antes mencionadas, los niños se sienten rechazados por sus propios padres.
Es así como los pequeños concluyen, que si sus padres los rechazan ellos deben rechazarse también.
Más adelante, la sociedad establece niveles de perfección en casi todas las áreas de la vida, como meta para ser admirado y aceptado en los diferentes grupos sociales.
Niveles que no cuestionamos y que nadie puede alcanzar ni siquiera en una sola área, mucho menos en varias.
Son inalcanzables, porque el ser humano es imperfecto por naturaleza.
Pero si no aceptamos dicha imperfección, nos pasamos la vida tratando de alcanzar un ideal inalcanzable y devaluándonos por no lograrlo.
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Independientemente de lo que hayamos vivido durante la infancia o la adolescencia, al llegar a la edad adulta, aceptarse a uno mismo se vuelve una elección personal.
El primer paso para lograrlo, es reconocer lo que nos gusta y lo que no nos gusta de nosotros mismos y dejar de regañarnos, criticarnos, devaluarnos, compararnos, etc. y enfocándonos mejor, en lo que queremos y podemos hacer al respecto.
En segundo lugar, dejar de pelearnos con nosotros mismos por ser así, viendo lo que no nos gusta, como conductas que presentamos y no como parte de nuestro ser.
Para ello es importante aprender a conocernos, sin tener miedo de vernos a nosotros mismos.
Es tomar consciencia y reconocer tu conducta, hábitos, pensamientos, sentimientos y tipo de personalidad, sin tener miedo de verte a ti mismo.
Te sugiero que hagas el siguiente ejercicio:
Haz una lista de todas, todas tus relaciones.
Utiliza una hoja para cada una de ellas.
Una para cada una de tus amistades.
Una para cada una de tus familiares.
Y así sucesivamente para cada una de las personas con las que te relacionas en el trabajo, en tus actividades personales, en las relacionadas con la salud, etc.
En cada una de las hojas escribe como título el nombre de la persona con la que te relacionas y escribe como te comportas con ella cuando estas contento, enojado, triste, cuando tienes prisa, cuando están solos, con otras personas, etc.
Puedes hacerlo en diferentes días, pero una vez que termines una hoja guárdala aparte y no la vuelvas a sacar hasta que termines con todas.
Después, toma nuevamente las hojas y una por una, pregúntale a cada persona que te describa lo más ampliamente posible, tanto lo positivo como lo negativo.
Si les cuesta trabajo haz una lista con todas las características que se te ocurran, positivas y negativas, con tres columnas, para marcar mucho, poco o nada y pídeles que las llenen de acuerdo a lo que piensan de ti.
A las personas que no les puedas pedir que te describan, contesta tú, como si fueran ellos lo que están contestando.
Una vez que tengas todas las hojas, revisa los resultados y saca tus conclusiones.
Lo más probable es que te des cuenta que:
Vas a encontrar descripciones opuestas entre sí.
Lo que significa que la percepción y opinión de la gente es subjetiva.
Se basa más en lo que para ellos es importante que en lo que tú haces o dices.
Tú te comportas diferente, con diferentes personas.
Por lo tanto no se puede generalizar la conducta de la gente.
Decir yo soy un enojón, es un error, porque no con todas las personas ni en todos los momentos me enojo.
Si tus conductas varían según la persona, el momento o la ocasión, entonces no estamos hablando de tu esencia como persona, sino de hábitos, pensamientos, sentimientos, etc., aprendidos y que pueden ser sustituidos por otros.
Por lo tanto puedes aceptarte como persona, sin calificarte en tu ser, en tu esencia y calificar aquellas características que aprendiste, que no te gustan y que puedes eliminar o modificar.
Psic. Silvia Russek
Lic. En Psicología Clínica.
Maestría en Terapia de Pareja.
Tel. 044 55 1924 9863 (Ciudad de México).
e-mail: bienestar.e@gmail.com
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