Cómo sanar nuestras heridas del pasado


Es importante sanar las heridas del pasado, porque mientras estén abiertas, siguen causándonos dolor y problemas en nuestro presente.



¿El dolor de lo vivido te limita?



Tú puedes vencerlo.


" El hombre es hijo de su pasado mas no su esclavo, y es padre de su porvenir”. Viktor Frankl (1905 - 1997 Neurólogo y psiquiatra austriaco, fundador de la logoterapia. Sobrevivió varios campos de concentración Nazis).






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Enfrentando nuestro dolor.


Casi todos venimos arrastrando algo doloroso de nuestro pasado que, si lo permitimos, nos lastima una y otra vez o nos impide tener relaciones sanas y satisfactorias.

Pero esto no tiene por qué seguir así, podemos solucionarlo.

Lo primero que tenemos que hacer es reconocer y aceptar aquello que sucedió y, si realmente queremos sanar dichas heridas, hacer un compromiso con nosotros mismos para trabajar en eso, aunque el trabajo implique dolor. Porque para sanar, debemos llevar a cabo un proceso de duelo y éste va a remover nuestro dolor, pero es indispensable hacerlo para limpiar y cerrar esas heridas y dejarlas atrás.

Es importante que estemos conscientes de que, lo que recordamos ahora puede ser muy diferente de lo que sucedió y que la manera como lo vivimos, también fue muy subjetiva y personal, En cuanto al primer aspecto, el tiempo puede ir distorsionando nuestros recuerdos, pero, además, cada vez que recordamos algo o que lo platicamos, generalmente realizamos pequeños cambios de los que ni cuenta nos damos, pero que sí pueden alterar la manera como percibimos lo sucedido, al volver a pensar en eso.

Por otro lado, no somos hoy, los mismos que cuando vivimos determinada situación, sobre todo si ésta se dio cuando éramos pequeños o si, en ese entonces, estábamos vulnerables física o emocionalmente.

Sanar una herida del pasado implica perdonar, con frecuencia a otras personas y, a veces, a nosotros mismos. En este aspecto, debemos estar convencidos de que siempre, siempre, perdonamos por nuestro propio beneficio, nunca por el de la otra persona. El coraje, odio, resentimiento, etc., que nos produce el no perdonar y el recordar, constantemente, lo que sucedió, es una carga sumamente pesada que nos desgasta física y emocionalmente, a nosotros, mientras que, a la otra persona, lo más probable es que ni le importe, ni se acuerde o incluso, ya ni esté viva.

Es importante estar conscientes de que perdonar no significa olvidar, ni seguir permitiendo que nos lastimen. Simplemente implica percibirlo de una manera diferente y, si se trata de un evento presente, actuar para protegernos y buscar nuestro bienestar.

Con frecuencia y de manera inconsciente, no queremos perdonar, porque lo que sucedió y/o las emociones que nos provoca, nos proporcionan ganancias secundarias. Podemos, por ejemplo, utilizarlo para autocompadecernos y no tener que responsabilizarnos o exigirnos determinado comportamiento, para que la gente nos compadezca y nos preste más atención o nos ayude en diferentes momentos, para justificar nuestras conductas o errores, etc.  




Que puedes hacer.


Es importante que hables, con alguien de toda tu confianza, sobre lo que te sucedió, lo que sentiste y lo que pensaste. Háblalo todas las veces que sea necesario o puedes escribir sobre eso. Si decides hablarlo, elige con cuidado a la persona, ya que debe de ser alguien que te escuche respetuosamente, pero no te haga comentarios que incrementen tus emociones negativas.

Reconoce o escribe cómo te afecto y cómo te sigue afectando y por qué crees que no has hecho nada al respecto.

No te enfoque en buscar culpables, sino responsables y date cuenta de la diferencia de estos dos términos.

Al hacerlo, debes reconocer la responsabilidad de cada una de las partes implicadas, incluyendo la tuya. Si lo que sucedió fue durante tu vida adulta, tuviste responsabilidad al actuar de determinada manera o al permitirlo. En este sentido, si es necesario, perdónate a ti, también.

Recuerda que hagas lo que hagas, el pasado no va a cambiar, ni tú vas a poder cambiar o a castigar a las personas que estuvieron involucradas en él.

Ten cuidado de no sentirte víctima. Ten en cuenta que todo el mundo sufre y que en tus manos está sentirte mejor.

Date el tiempo que necesites. Este es un proceso que puede requerir varios meses o más. Ten paciencia y reconócete y apláudete cada paso que des.

Analiza qué significado le dabas a lo que te sucedió y cómo puedes cambiar tu forma de percibirlo y valorarlo, para darle un significado diferente. Pregúntate: ¿Qué puedo aprender en estos momentos, observando lo que sucedió?, ¿Qué beneficios me proporcionó, que tal vez no vi, en ese momento?

Ten en cuenta que tu sufrimiento actual no está provocado por lo que sucedió hace tanto tiempo, sino por tus pensamientos en relación a eso y por hacerlo presente, constantemente, con tu recuerdo.

Enfócate en el momento presente, en lo que sí tienes y busca aquellas cosas, situaciones y personas que te den bienestar.




Psic. Silvia Russek.
Lic. en Psicología Clinica.
Diplomado en Terapia de Pareja.
Especialidad en Terapia Cognitivo Conductual.
Terapia por Internet. por videoconferencia.
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e-mail: bienestar.e@gmail.com

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Recuerda:

El camino al éxito, está formado por información, acción y perseverancia.
Cada paso, por pequeño que sea, te acerca a la meta.

Tú puedes lograrlo.

Silvia Russek.




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