¿Te angustia lo que piensan
los demás?


Lo que piensan los demás, puede preocuparnos o angustiarnos, si le damos demasiada importancia y no nos percatamos, de que estamos cometiendo un error.



¿Cómo te afecta la opinión de los demás?

Aprende a manejarla.



"Mi conciencia tiene para mí más peso que la opinión de todo el mundo". Marco Tulio Cicerón. (Orador, político y filósofo romano).


¿El temor a lo que piensan los demás,

nos controla?


¿Qué tan seguido haces o dejas de hacer algo, no porque es lo que realmente deseas, sino por miedo a los que la gente piense de ti?

¿Sabes de dónde viene esta preocupación e incluso temor?

Por un lado, cuando somos bebés o niños muy pequeños, dependemos totalmente de la atención y aprobación de quienes nos cuidan, por lo que “necesitamos mantenerlos contentos para que no nos abandonen”. Estas últimas palabras son, más o menos, la sensación de los pequeños y está basada, en parte, en la realidad. No en que necesiten mantenernos contentos, pero sí, en que requieren de nuestra presencia o de la de algún adulto, para sobrevivir.


Por otro lado, aprendemos a temer la opinión de la gente, a raíz de escuchar, también desde chiquitos, comentarios como: “Pórtate bien, porque si no, qué va a decir la gente de ti”, “No hagas eso, porque te están viendo y qué van a pensar, etc.”.


En realidad, la mayor parte de las veces, esa gente que nos está rodeando o viendo, ni siquiera está relacionada con nosotros, por lo que o no piensa nada o no importa si lo hace, pero a esa edad, no lo vivimos así, lo sentimos como algo muy malo.

Y así, aprendemos a preocuparnos por lo que la gente piensa y no tomamos en cuenta que, generalmente, la gente ve, lo que quiere ver. Por lo tanto, mucho de lo que, aparentemente observan en nosotros, ni siquiera es real, son el reflejo de su forma de ser y de sus propios deseos, expectativas y preocupaciones.


Pensamos, también, que están constantemente al pendiente de nosotros, lo que no es cierto y con frecuencia, exageramos en cuanto a lo que creemos que piensan o a las posibles consecuencias de dichos pensamientos, cuando en realidad o ni siquiera nos toman en cuenta o sus comentarios son poco importantes y sin ninguna repercusión.




¿Qué puedes hacer?

Piensa que cada persona es diferente, porque ha vivido experiencias distintas, (por lo que ha aprendido, también, otros valores y creencias), tiene sus propios pensamientos, sentimientos y expectativas, así como necesidades y estados de ánimo que influyen, constantemente, en todo lo anterior. Por lo tanto, tú no puedes satisfacer y tener contenta, constantemente, a toda la gente que es importante para ti o con la que tratas, ya que lo que le gusta a una, le disgusta a la otra.

 

De hecho, ni siquiera puedes darle gusto, siempre, a una sola persona, porque los seres humanos somos cambiantes y tanto tú como ella, varían, constantemente, en su estado de ánimo y necesidades. Por otro lado, tú tienes necesidades y deseos que deben de ser satisfechos, por lo menos en su mayoría, para que tengas una vida plena y agradable y únicamente tú puede hacerlo, por lo que la cantidad de tiempo y energía que tienes, no te alcanza para ti y para buscar, constantemente, la felicidad de los demás.

Esto no quiere decir que no vas a hacer cosas por ellos, pero sí, que no vas a sacrificar lo que es importante para tu bienestar, por evitar lo que la gente piense algo sobre ti.


Es importante que empieces, poco a poco, a dejar de darle gusto a los demás y comiences a darte gusto a ti. Puede ser que, en un principio, te resulte un poco difícil o atemorizante, pero es importante que te enfrentes a dicho temor y, a pesar de él, actúes pensando en lo que tú deseas y necesitas.

 

Empieza a practicar en algunas situaciones de poca importancia, diciendo que no estás de acuerdo o dando tu opinión y date cuenta de que no sucede nada terrible, aun si te manifiestan una crítica u oposición. Fuera de un ligero malestar, que es tolerable, no pasa nada, a menos que tú, con tus pensamientos, incrementes tus emociones negativas. Empieza, también, a establecer ciertos límites y, si te mantienes firme, los demás, poco a poco, los van a ir aceptando.

Si te sientes tenso pensando que están hablando de ti o criticándote, relájate, utiliza alguna técnica de respiración y piensa con firmeza. Su opinión es sólo eso, una opinión, sin ningún valor real.

 

Date cuenta que para que alguien te aprecie y quiera estar cerca de ti, no tienes que ser igual a él. Si realmente te valora, aceptará y respetará las diferencias y si no lo hace, seguramente no es la clase de persona que te conviene tener cerca de ti.

Si al principio, al cambiar tu conducta, expresar tus gustos y preferencias y al poner límites, sientes que se reduce tu círculo de relaciones, no te preocupes, poco a poco puedes rodearte de la gente que valga la pena para ti, recuerda que no se trata de cantidad, sino de calidad.

 

Finalmente, lo que opinan los demás y, con frecuencia, lo que creemos que opinan, porque muchas veces ni siquiera lo sabemos con seguridad, no son más que palabras subjetivas que tienen el valor que nosotros les damos. Si no creemos en ellas, no nos causan ningún daño o malestar.


Observa a la gente y date cuenta de cómo ante una misma situación, diferentes personas opinan o reaccionen de distinta manera, porque lo hacen subjetivamente. Lo mismo sucede en relación a ti.


Con frecuencia nos angustiamos e incluso actuamos de determinada manera, por temor a lo que creemos que los demás están pensando, cuando ni siquiera sabemos si tenemos razón al adjudicarle esta conducta a los demás. De hecho, evitar su posible critica o rechazo, tiene un precio demasiado alto, ya que significa sacrificar nuestra propia individualidad y un gran desgaste emocional, por tener que actuar constantemente.

Disfruta el momento en el que estás, comprométete con lo que estás haciendo y te vas a dar cuenta de que ni siquiera te cuestionas sobre lo que los demás pueden estar pensando.

 

Trabaja para fortalecer tu autoestima. Si los demás te ven seguro de lo que dices y haces, te van a respetar más. Reconoce tus cualidades y logros y acepta tus limitaciones y errores, pensando que eres un ser humano como cualquier otra persona de este mundo.

Ten en cuenta que la aprobación o rechazo de los demás no significa que vales más o menos como persona ni que eres mejor o peor, más o menos importante, únicamente refleja su manera de pensar.


Recuerda que para mantener buenas relaciones es importante dar lo mejor de ti mismo y si no te aceptas, valoras y respetas, no puedes darte a los demás, les estás dando una copia de lo que ellos son y, a la larga, ni tú ni ellos van a estar satisfechos.

 

Cada vez que te des cuenta de que estás muy pendiente de lo que puedan pensar de ti, repítete mentalmente: “No soy adivino, no sé lo que la gente piensa o deja de pensar, pero sus palabras son solo palabras, no me definen como persona. Yo soy yo y estoy bien”


Aprende a cambiar los pensamientos negativos que tengas en este aspecto y/o a parar el pensamiento, cada vez que te pongas obsesivo en cuanto a la posible crítica o rechazo de los demás.

Detecta las creencias negativas y equivocadas que mantienen tu conducta y modifícalas o elimínalas.


Aprende a manejar las emociones negativas y equivocadas, como la culpa o la vergüenza, que puedas tener a raíz de tu temor ante el probable pensamiento de los demás.

 

Dejar de preocuparse por la opinión de los demás, no significa ir siempre en contra de todos, sino saber analizar en qué situaciones nos damos prioridad y en cuales nos adaptamos o cedemos.

Querer darle gusto a los demás, de vez en cuando, no tiene nada de malo, vivir para hacerlo, por temor, nos impide vivir y disfrutar de la vida.




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Lic. Silvia Russek.
Lic. en Psicología Clínica.
Especialidad en Terapia de Pareja.
Especialidad en Terapia Cognitiva.
Terapia por Internet. por videoconferencia.
Citas:
e-mail: bienestar.e@gmail.com



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Silvia Russek.