Las enfermedades y el estrés.



El estrés provoca algunas enfermedades e influye en los problemas de salud, pero las enfermedades causan e incrementan el estrés.


¿Estás estresado?



Evita que los problemas de salud,
incrementen tu estrés.



"La salud no lo es todo pero sin ella, todo lo demás es nada". Arthur Schopenhauer (filósofo alemán).



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Esta sección te ayuda a:


1.- Conocer la relación entre la enfermedad y el estrés.

2.- Saber qué hacer.






La enfermedad como causa de estrés.


¿Te has dado cuenta de tu reacción emocional, cuando estás enfermo o te sientes físicamente mal?
Generalmente, casi cualquier síntoma físico, nos puede causar estrés.

En ocasiones, el estrés es leve o moderado y no nos damos cuenta de que estamos estresados, porque estamos acostumbrados a vivir así o porque la misma molestia o enfermedad cubre el estrés.
Pero eso no significa, que no nos está afectando.

Por otro lado, la mayor parte de las molestias y de las enfermedades nos causan, en mayor o menor medida, otras emociones, como preocupación, angustia, temor, enojo, etc., con lo cual, el nivel de estrés se incrementa de manera importante.

Las enfermedades causan estrés, pero si no eliminamos o disminuimos dicho estrés, aumentan nuestros problemas de salud, dándose un círculo vicioso que nos puede perjudicar de manera importante.


El estrés provocado por las enfermedades, se debe a:

  • El dolor y molestias físicas que son parte de dicha enfermedad.



  • La preocupación, sobre todo cuando se trata de enfermedades que implican algún riesgo o peligro.



  • Los efectos secundarios de los medicamentos o tratamientos, que pueden ser molestos, dolorosos o causar otros síntomas que nos afectan.



  • El costo económico.



  • La manera en que la enfermedad puede repercutir en nuestras relaciones, tanto para los enfermos como para los cuidadores.



  • La reacción de la gente que nos rodea, sobre todo ante cierto tipo de enfermedades.



  • Nuestra actitud de rechazo o de no-aceptación de la enfermedad, sobre todo cuando es crónica, es decir, que se puede tratar pero no curar o cuando es terminal.







Nuestra actitud ante los problemas de salud puede ser:

  • Negarlos, debido a que:

    • Con frecuencia pensamos que si ignoramos los problemas de salud, van a perder importancia.



    • Nos da miedo ir al médico, aunque, con frecuencia no lo reconocemos, ni siquiera ante nosotros mismos, porque queremos evitar escuchar un diagnóstico que no nos guste.



    • Finalmente, existen toda una serie de creencias equivocadas, como por ejemplo, "quejarnos o enfermarnos demuestra que somos débiles, vulnerables, etc.", que nos impiden aceptar la enfermedad, sus molestias y consecuencias.



  • Evadirlos o "huir" de la situación, a través de insensibilizarnos emocionalmente o de tapar el dolor con alcohol, drogas o cualquier conducta adictiva, que sólo empeora la situación o crea nuevos problemas.



  • Rebelarnos, manifestando nuestra no-aceptación de diferentes maneras:

    • Planteando una serie preguntas:
      ¿Por qué a mí, por qué Dios lo permite, por qué ahora?, etc.



    • Buscando culpables y generando enojo hacia la vida, Dios, los demás, etc.



    • Culpándonos o enojándonos con nosotros mismos por no haberlo evitado, lo cual puede acabar en depresión.



  • Aceptarlos, no como derrota o conformismo, sino como punto de partida para ver, dentro de mi situación real, qué es lo mejor que puedo hacer.


¿Cómo respondes tú ante la enfermedad y el dolor?

Nuestra respuesta es muy importante, porque puede hacer la diferencia entre sentirnos mejor o mucho peor.

Entre cooperar con el tratamiento o crear nuevos problemas.
Entre mejorar o empeorar.

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¿Qué hacer?

Habla con tú médico y aclara todas tus dudas, tanto respecto a la enfermedad, como al tratamiento.
Haz una lista y ve apuntando todo lo que se te ocurra, aun las cosas que parecen poco importantes.
Esta lista es necesaria, porque, con frecuencia, cuando estamos frente a él, se nos pueden olvidar una gran parte de nuestras dudas.

Checa con él, si las molestias que tienes, pueden ser resultado de la enfermedad o de las medicinas que tomas.
Con frecuencia, cambiar las medicinas puede ayudarnos.
Pero no lo hagas por tu cuenta.
No te automediques.


Muchas veces no preguntamos, porque nos preocupa lo que va a pensar el médico o la gente que nos rodea.
No permitas que eso te detenga.
No tienen porque pensar mal de ti.

Pero aun si pensaran que eres un exagerado, miedoso, hipocondríaco, débil, ignorante, etc., etc., tu bienestar y tranquilidad, son demasiado importantes, por lo que nada debe de impedirte que preguntes.

La falta de información o la no-aceptación, no van a eliminar la enfermedad o las molestias.
Si no es lo que tú piensas, al preguntar te vas a tranquilizar.

Si tu preocupación o temor es real, al confirmarlo, puedes ver cuales son las opciones que tienes y buscar qué es lo mejor para ti y que puedes hacer al respecto.

Pero pregúntale, sólo a tu medico.

Por mucho que sepan los demás, cada caso es diferente.
No busques en Internet, porque puedes malinterpretar algún dato y además, no sabes si quién escribe es un médico con conocimientos y experiencia.
En Internet hay mucha información equivocada o falsa.

Cuando aceptamos el dolor y la enfermedad, podemos ver qué cosas nos ayudan y cuales no, para actuar de acuerdo a ello y buscar soluciones.

Si estás preocupado, analiza tú preocupación.
Revisa si es objetiva o no, si tu estilo de pensamiento puede estar influyendo en tu percepción y si alguna creencia equivocada está aumentando tu malestar.

Si necesitas ayuda, pídela.
No permitas que el falso orgullo, haga aun más difícil tu situación.

Pero hazlo adecuadamente y no utilices la enfermedad para manipular o chantajear emocionalmente a los demás.
Esta actitud puede ayudarte en un principio, pero a la larga genera resentimiento y coraje.

Explícale a la gente que te rodea o que te cuida, cómo te sientes y trata de no desquitar tu miedo, angustia o coraje, con ellos.

Revisa tu actitud ante la enfermedad.

Quizás no lo veas en este momento, pero siempre podemos aprender algo de nosotros mismos, mejorar nuestra actitud ante la vida, apreciar cosas a las que no les dábamos importancia, etc.

No permitas que el enojo, depresión, angustia, frustración, vergüenza, culpa, etc., aumenten tu sufrimiento y repercuta en tus relaciones.
Detecta y reconoce tus emociones y trabaja en ellas.

Sigue las instrucciones de tu médico.

Disminuye tu estrés con ejercicios de relajación, respiración, buscando actividades que te relajen y distraigan, etc.

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Psic. Silvia Russek
Lic. En Psicología Clínica.
Maestría en Terapia de Pareja.
Citas: Tel. 044 55 1924 9863 (Ciudad de México).
e-mail: bienestar.e@gmail.com

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