La disciplina y el divorcio.


Los padres divorciados necesitan, más que nunca, aprender a disciplinar a sus hijos, para evitarles mayor sufrimiento.



¿Por qué es importante la disciplina,
en estos momentos?


Porque la estructura y los límites,
le dan seguridad a los niños.



"Disciplina significa hacer las cosas correctas, en el momento correcto y por la razón correcta".
John C. Maxwell. (Autor, orador y experto en liderazgo a nivel internacional).




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Esta sección te ayuda a:


1.- Reconocer algunos obstáculos que interfieren con la disciplina.
2.- Conocer las diferentes formas de educar.
3.- Saber qué hacer.





Los padres y la disciplina.


Los padres que se enfrentan al divorcio, pueden tener problemas para disciplinar a sus hijos, porque:






Cuando no sabemos disciplinar adecuadamente.


Casi todos educamos a nuestros hijos, de acuerdo a como fuimos educados.
Tendemos a repetir el mismo patrón o nos vamos al otro extremo.

Independientemente de los resultados de nuestra propia educación, nuestros niños se enfrentan a un mundo diferente y necesitamos mayores conocimientos, para luchar contra la influencia de la sociedad.

Debemos, además, estar conscientes de que cada niño es distinto y lo que sirve para uno, puede no ser útil para otro, aunque sean hermanos.


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Disciplinar, es más que castigar.


Cuando uno o ambos padres creen que disciplinar es castigar, pueden evitan los límites y reglas, "porque no quieren hacer sufrir más a sus hijos".
Esto es un error.

Disciplinar es enseñar.
Es fomentar y reforzar conductas apropiadas, para poder desarrollarse sanamente y convivir en sociedad y restringir o corregir las acciones inapropiadas o perjudiciales.

La disciplina nos enseña a:

  1. Aprender a distinguir el bien del mal.

  2. Respetar a los demás, para poder esperar y exigir respeto.

  3. Aprender que, antes o después, toda conducta tiene consecuencias.

  4. Adquirir autocontrol.

Cualquier grupo, incluyendo a la familia, que no tiene reglas, es caótico.

Ante el caos del divorcio, la falta de estructura y límites, aumenta la desorganización de todos los miembros e Incrementa la inseguridad de los hijos.


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Las emociones de los padres.


Generalmente la pareja que se está divorciando, está agobiada por:

  • Problemas,

  • emociones intensas,

  • necesidad de reorganizarse,

  • etc.

Todo esto, genera una gran tensión.

Como resultado de dicha tensión, cuando los hijos se portan mal, los padres pueden:

  • Desquitar sus propias emociones, gritándoles, insultándolos e incluso pegándoles,

  • evitarlos o ignorarlos, para no aumentar su tensión y angustia o

  • sentirse culpables y ser demasiado complacientes y permisivos.

Cualquiera de estas tres opciones, perjudica al niño a corto y a largo plazo.

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La competencia entre los padres.


Con frecuencia, los padres que se están divorciando compiten por el cariño de sus hijos.

Se sienten solos y rechazados y temen que sus hijos también los abandonen, por lo menos emocionalmente, prefiriendo al otro padre.

Esto hace que quieran ser siempre los "buenos", por lo que permiten casi todo.
La falta de disciplina provoca inseguridad en los hijos y problemas mayores a largo plazo.


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Formas de disciplinar o educar.


Existen tres formas básicas de educar:






El ejemplo.

El ejemplo, es decir, lo que los niños ven en la conducta de sus padres, tiene mucho más peso, que cientos de palabras.

Los niños nos imitan y por eso debemos estar conscientes de lo que les transmitimos cada momento.

De nada sirve querer enseñarle a un niño a no ser agresivo, si nos ve gritar o insultar.

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Reforzando la conducta.


Pocas veces le prestamos atención o recompensamos al niño que se porta bien.
Pero le hacemos caso, cuando se porta mal.

Con esta actitud, lo único que le estamos enseñando, es a portarse mal cada vez que quiere atención.

Si premiamos o reforzamos una conducta, el niño la va a volver a repetir.
El mejor premio es el cariño y el reconocimiento por sus buenas acciones.
Esto nunca los cansa.

Si siempre los premiamos con cosas materiales, después de un tiempo, ya nada los motiva o les llama la atención.

Si queremos fomentar o aumentar ciertas conductas, además del reconocimiento, podemos utilizar un sistema de fichas o de estampas (con los más pequeños).

Éste consiste, en dar una ficha o pegar una estampa en una cartulina, cada vez que hacen algo que estaba previamente establecido.
Al llegar a cierta cantidad, de fichas o estampas, se cambian por dinero, privilegios, permisos, etc.

Antes de empezar, es necesario que te pongas de acuerdo con tu hijo sobre qué conductas se van a premiar, el valor de cada una y cuantas fichas o estampas necesitas para determinado permiso, premio, etc.

No trabajes con muchas conductas al mismo tiempo, porque significa un cambio demasiado grande y tu hijo no va a poder llevarlo a cabo.

Recuerda que tu hijo necesita de cierto tiempo para cambiar una conducta.
No lo compares con nadie.

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Debilitando la conducta.


Si a veces le prestamos atención y a veces no, lo único que le estamos enseñando a nuestros hijos, es a insistir hasta que perdamos la paciencia.
Y generalmente ellos son más persistentes que nosotros.

Cuando aplicamos un programa de consecuencias negativas, tenemos que ser muy claros en la descripción de la conducta que queremos eliminar y en su consecuencia.

Por ejemplo:
Si no recoges tus juguetes después de jugar, no puedes ver televisión.

Decir: "pórtate bien o te voy a castigar", es demasiado ambiguo.

Para aplicar este programa necesitamos:

  • Ser justos.
    No pedirle niño, cosas que no puede hacer, ni ponerle consecuencias desproporcionadas a su conducta o edad.



  • Nunca amenazar.
    Si le decimos algo, debemos saber que somos capaces de cumplirlo.



  • Dar la consecuencia, sin dañar la autoestima del niño.
    Sin atacarlo, gritarle, insultarlo o avergonzarlo.



  • Distinguir entre desobedecer o hacer algo que el niño sabe que no debe de hacer y un error o un accidente.



  • Aplicar la consecuencia de manera inmediata.
    No decir, si haces...el fin de semana no vas a poder...



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¿Qué hacer?

Debemos calificar las conductas como adecuadas o inadecuadas, pero no al niño.
Por ejemplo, decirle: Así como estás comiendo, estás ensuciando tu camisa y no "eres un cochino, nunca te fijas".

No quieras cambiar muchas conductas al mismo tiempo.
Si hay varias cosas que te molestan, escoge sólo una o dos y cuando veas resultados, empieza con alguna otra.

Escoge primero aquella conducta que puede estar dañando a alguien o aquella que no puedes tolerar o que te afecta más.

Reconoce el progreso de tu hijo, aunque para ti, sea pequeño.
Recuerda que para él, puede significar un gran esfuerzo.

Ayuda a tu hijo a reconocer su cambio y a fortalecer su autoimagen.

Maneja cada regla, límite o conducta, por separado.
Tanto al especificar lo que esperas de él, como a las consecuencias a las que se va a enfrentar.

Si cumple con una conducta, pero no con otra, dale la misma importancia a la que si logró, como a la que no.
Es decir, reconócele lo positivo, igual que le marcas lo negativo

La primera, no debe de evitar la consecuencia de la segunda.

No quieras cambiar con castigos, conductas que el niño no puede evitar, como por ejemplo, morderse las uñas.
En algunos casos es necesario ver la causa de dichas conductas.

Para disciplinar adecuadamente, necesitas manejar tus propias emociones, como por ejemplo, el enojo, la culpa y el estrés.

Con frecuencia, parte del problema está en nuestra manera de comunicarnos.

Es importante que puedas detectar algunos de los principales problemas que dificultan la comunicación, reconociendo la manera adecuada para lograr nuestras metas y siguiendo algunas indicaciones, que nos pueden ayudar.

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Psic. Silvia Russek
Lic. En Psicología Clínica.
Maestría en Terapia de Pareja.
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Tel. 044 55 1924 9863 (Ciudad de México).
e-mail: bienestar.e@gmail.com

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Silvia Russek.




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