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¿A quién culpas, de tus problemas?



Cuando culpas a los demás de tus problemas, les cedes la solución de dichos problemas y el control de tu vida, con lo que renuncias a una parte importante de tu bienestar, felicidad y autoestima.




¿Culpas a los demás,

de lo que te sucede?


Aprende a responsabilizarte y

a vivir mejor.



“Dejar de culpar a los demás es el primer paso para ser adulto”. Renny Yagosesky (Líder del Movimiento de la Autoayuda en Venezuela y experto en la temática de Psicología aplicada).





Culpa vs. responsabilidad.


¿Cuál es tu primera reacción ante los problemas?

a)    Buscas una solución,

b)    te enfocas en encontrar al culpable o

c)    asumes tu responsabilidad?

Si elegiste la letra “a” o la “c”, escogiste correctamente, porque estás tomando el control de tu propia vida y reconociendo tu participación en una parte importante de lo que sucede, pero si elegiste la letra “b”, muy probablemente culpas a los demás y a las circunstancias de lo que estás viviendo y con ello, además de disculpar todas tus actuaciones, estás adoptando una actitud de víctima.

Aparentemente, cuando tomamos esta última actitud, sentimos que no tenemos ninguna responsabilidad por lo que sucedió y, por lo tanto, ninguna obligación para remediarlo, pero, al mismo tiempo, estamos cediendo cualquier grado de libertad que pudiéramos tener o desarrollar, porque colocamos el control total en alguien más. Lo que, en primera instancia nos parece lo más fácil y cómodo, es lo que nos impide encontrar la solución que nos deje satisfechos.

Cuando nosotros controlamos nuestra vida, sabemos que podemos hacer cosas para lograr aquello que deseamos o necesitamos. Sabemos que construimos una gran parte de nuestra vida, a nuestro gusto y elegimos las circunstancias que necesitamos crearpara poder hacerlo.

Aceptar la responsabilidad no significa culparnos a nosotros mismos, ya que cuando utilizamos la palabra culpa, estamos poniendo el acento en haber hecho algo malo, lo que nos deja con etiquetas como malos, tontos, irresponsables, etc., etiquetas siempre negativas e inútiles.

En cambio, cuando hablamos de responsabilidad, nos referimos a reconocer que elegimos o llevamos a cabo una conducta equivocada y aceptamos las consecuencias. El enfoque está en un error cometido y no en toda nuestra persona. Nuestra postura parte, de saber que somos nosotros los que debemos responder a esa situación y, si es posible, corregirla o evitar, en un futuro, volver a cometer el mismo error.

Esta posición nos da el control de nuestra vida. Refleja una buena autoestima y, al mismo tiempo, la fortalece, porque nos lleva a reconocer, además de nuestra fortaleza interna, que también somos responsable de lo bueno que nos sucede. Sin embargo, es importante estar conscientes de que no tenemos un control total. Hay cosas que dependen de nosotros y otras que no lo hacen. Además, todos tenemos ciertos límites en diferentes aspectos de nuestra vida. Podemos tratar de superarlos, pero no siempre lo logramos.

Con frecuencia, buscamos de inmediato un culpable, porque no podemos tolerar la angustia de no saber cómo o por qué sucedió algo. En estos casos, está implicada la idea de que la falta de conocimiento puede provocar, que vuelva a suceder. Pero la realidad es, que encontrar un culpable no soluciona, realmente, el problema, únicamente nos proporciona una explicación sin importancia.

Culpar de todo a los demás, no sólo puede ser señal de baja autoestima, sino, también, de inmadurez.





¿Qué puedes hacer?

En primer lugar, es importante que estés consciente de la diferencia entre culpa y responsabilidad. Somos culpables cuando dañamos a alguien o tratamos de perjudicarlo o hacerlo sentir mal, intencionalmente o cuando podíamos haberlo evitado y sabiéndolo, no lo hicimos. Nos sentimos culpables, también, cuando actuamos, haciendo o diciendo algo que consideramos que no deberíamos de hacer o decir.

Por otro lado, admitir nuestra responsabilidad significa, reconocer y aceptar que somos nosotros quienes actuamos de determinada manera, por lo que asumimos las consecuencias, independientemente de que nos gusten o no, los resultados.

En este sentido, recuerda y acepta que somos responsables de nuestros pensamientos y sentimientos. Nadie nos obliga a tenerlos, ni a actuar de acuerdo a ellos.

Para aprender a responsabilizarte es importante aprender a separar nuestra identidad, nuestra persona, de lo que hacemos. Es decir, estar conscientes que hacer una tontería, no nos convierte en tontos. Saber que el ser y el hacer, son dos cosas completamente diferentes.

Debemos, además, aprender a no atacarnos, devaluarnos y lastimarnos por los errores cometidos, independientemente de su importancia. Reconocer que somos seres humanos y por lo tanto, somos imperfectos y cometemos errores y que nuestra finalidad debe de ser, aprender de dichos errores para no volver a cometerlos y, además, crecer y madurar. No repetir esos errores, aunque seguramente vamos a cometer otros, por muy cuidadosos que seamos.

No te disculpes, basándote en que otras personas no han asumido dicha responsabilidad. Eso es problema de ellos. Tú actúa de acuerdo a lo que es mejor para ti.

No te pongas a la defensiva, ni ante los demás, aunque te estén culpando, ni ante ti mismo. Cuando lo haces, te centras en la culpa y en ver a quién le corresponde, cuando lo adecuado es poner tu atención en lo que sucedió y en ver qué se puede hacer al respecto

Cuando, ante algo que te sucedió, te des cuenta de que estás buscando culpables, respira varias veces, lentamente y analiza la situación. ¿Cuál fue tu participación en lo que te sucedió?, ¿Qué pensamientos o sentimientos te llevaron a actuar de esa manera?, ¿por qué fue un error? Y ¿qué puedes hacer al respecto, para mejorar la situación?

Cierra tus ojos y repítete, con fuerza: “Si me equivoqué, no fue más que un error. Como ser humano, puedo cometerlos, pero corrijo, aprendo y soy cada día mejor”

Revisa tu diálogo interno, para evitar el uso continuo de la palabra culpa y sus implicaciones.

 



Psic. Silvia Russek.
Lic. en Psicología Clinica.
Especialidad en Terapia de Pareja.
Especialidad en Terapia Cognitiva.
Terapia por Internet. por videoconferencia.
Citas:
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