El coraje y sus manifestaciones.


Es importante reconocer algunas manifestaciones del enojo, como el resentimiento, la hostilidad y los diferentes tipos de agresión, para poder manejarlas y resolver nuestros problemas.


¿Cómo manifiestas tu enojo?


¿Conoces sus diferentes facetas?


"Siempre tendremos razones para estar enfadados, pero esas razones rara vez serán buenas".
Benjamin Franklin (Estadista y científico estadounidense).




Esta sección te ayuda a:


1.- Reconocer diferentes aspectos del coraje.

2.- Saber qué hacer.




Diferentes aspectos del coraje.



Cuando hablamos del enojo, podemos abarcar desde una simple molestia, hasta la ira sin control.

Esto sucede, porque cada persona califica la fuerza de sus emociones y la importancia de los hechos, de una manera muy personal.

La intensidad de nuestro enojo, no depende sólo de la gravedad de la situación que vivimos, esta determinada por:

  1. Nuestra personalidad,

  2. las experiencias que vivimos en el pasado y

  3. nuestra forma de pensar, analizar y calificar lo que sucede.

Podemos tener problemas para manejar el enojo, porque muchas veces nos cuesta trabajo reconocerlo o aceptarlo.

Cuando nos enojamos con frecuencia, podemos no darnos cuenta de ese coraje o no reconocer su intensidad, porque puede ser parte de nuestra forma de ser.

Otras veces nos cuesta trabajo aceptarlo, porque:

  • Estamos acostumbrados a negar nuestras propias emociones,

  • calificamos negativamente al enojo o a la gente que se enoja

Pero sólo reconociéndolo, podemos hacer algo para manejarlo, expresarlo adecuadamente o eliminarlo?
Recuerda que negar el coraje, no impide que te afecte físicamente y que aumente tus problemas.






Existen algunas manifestaciones del enojo, que son aún más difíciles de reconocer y que necesitamos distinguirlas del coraje:

  • El resentimiento,

  • la hostilidad y

  • los diferentes tipos de agresión.






El coraje tiene un principio y un fin.
Puede variar su intensidad y duración, pero está relacionado a personas, situaciones y pensamientos específicos.

En el momento de mayor intensidad, el enojo puede extenderse hacia otras personas o sucesos.
Cuando dicha intensidad disminuye, se vuelve a concentrar en las causas que lo originaron.

Con el paso del tiempo, el coraje se desvanece o sólo lo sentimos cuando vemos o pensamos en la persona que lo provocó.

Pero la situación se vuelve diferente, cuando se trata de enojo crónico.

Hablamos de enojo crónico cuando estamos enojados una gran parte del tiempo.
Cuando casi cualquier cosa o persona "nos pone de mal humor".

No nacemos con la tendencia al enojo crónico.
Podemos nacer con una mayor sensibilidad a ciertos estímulos y a reaccionar con mayor facilidad.
Pero aprendemos a controlar y a expresar adecuada o inadecuadamente nuestras emociones.

Permitir que nuestro enojo crezca y se mantenga, es una elección personal.
Igual que lo es, nuestra manera de expresarlo.

El problema es que muchas veces podemos tener enojo crónico y no darnos cuenta.
Esto sucede, sobre todo, cuando lo hemos vivido desde niños, en nosotros mismos o en nuestros padres, por lo que podemos creer, que es lo "normal".





Algunas de las causas del enojo crónico son:

  1. Lo aprendimos, imitando a nuestros padres, que no sabían como responder a sus problemas o relaciones, de otra manera.



  2. El tener acumulado una gran cantidad de enojo, resentimiento y deseos de venganza, provocados por algún tipo de abuso durante nuestra niñez o adolescencia.
    Estos sentimientos pueden surgir de forma automática o con la finalidad, consciente o no, de evitar que nos vuelvan a lastimar.



  3. Cuando nos enojamos con frecuencia, nos volvemos mucho más sensibles a cualquier cosa que nos puede molestar e irritar.

    Mientras más enojados estamos, nos es más difícil evaluar la situación con objetividad y manejar el coraje, formándose un círculo vicioso.

Entre las consecuencias del enojo crónico encontramos:

  • El enojo crónico repercute negativamente en todas nuestras relaciones.

    Las deteriora, provoca desconfianza, resentimiento, miedo y/o agresión, en las personas con las que tratamos, a cualquier nivel.
    Podemos pensar que el miedo es positivo, porque nos permite lograr aquello que queremos.
    Sin embargo no es así.
    La persona que nos tiene miedo o que está resentida con nosotros, va a buscar la manera de desquitarse, utilizando la agresión pasiva.

    Nuestra actitud provoca que las personas se alejen de nosotros, por lo menos emocionalmente, por lo que acabamos sintiéndonos solos.



  • Además, el coraje nos afecta de la misma manera que el estrés, física y emocionalmente.
    Por lo tanto, estamos expuestos a enfermarnos con mucha mayor facilidad.



  • En ocasiones, cuando estamos conscientes de nuestro enojo y de sus resultados finales, podemos sentir culpa, por no habernos podido controlar.
    El sentimiento de culpa, por sí solo, no evita que nos enojemos, pero aumenta nuestro malestar.






El coraje no resuelto, provoca resentimiento.
El resentimiento puede durar indefinidamente.
Implica volver a sentir el coraje una y otra vez.

Generalmente va unido a sentimientos de rencor y falta de confianza.
Se vive como una actitud injusta ante las responsabilidades y esfuerzos que se realizan, en mayor medida que las demás personas.
Es un sentimiento que puede o no, reflejarse en nuestra conducta.






La hostilidad es una actitud ante la vida o por lo menos ante ciertas personas.
Es una manera de relacionarnos con la gente y esta basada en culpar a los demás.

Implica desagrado, antipatía y una evaluación negativa de los demás.
Esta formada por una serie de sentimientos, pensamientos negativos y con frecuencia, deseos destructivos.
En la hostilidad la persona está enojado todo el tiempo, independientemente de que lo reconozca o no.
Puede durar meses, años o toda la vida.

Aun cuando la persona no reconoce su hostilidad, ésta se refleja en su conducta.
La persona hostil puede disfrutar de su "capacidad" para atemorizar u obligar a los demás a actuar de cierta manera.





La agresión es una conducta que busca amenazar o dañar, física, psicológica o emocionalmente a alguien más.
La conducta agresiva puede darse por muchos motivos, no siempre está provocada por el coraje.

La agresión puede ser física y/o verbal.
Cuando es verbal, el daño es a nivel psicológico y emocional.
Se puede expresar de diferentes maneras.




¿Qué hacer?


  1. Reconoce y acepta tu enojo.
    Con frecuencia pensamos que si lo reconocemos, vamos a perder el control o nos vamos a ver como débiles.

    Esto no es cierto, es al revés.
    Lo que no conocemos, nos controla.
    Luchar por resolver las cosas es sinónimo de fortaleza, negarlas y ocultarlas, no lo es.



  2. Pregúntate si realmente deseas solucionar el problema.

    Con frecuencia el enojo y sus diferentes manifestaciones, nos hacen sentir que somos fuertes y que tenemos el control sobre otras personas o nos dan energía a nivel físico.
    Esto es una creencia equivocada.

    El enojo y la persona que nos hace enojar, es quién nos controla.
    La energía que sentimos, está dañando a nuestro organismo y podemos a acabar enfermos.



  3. Platica con algún amigo o familiar, pero elige con cuidado a la persona.

    Tiene que ser alguien que:

    • te escuche con respeto, es decir, que no te esté interrumpiendo,

    • no te critique o ría de ti,

    • no vaya a utilizar después esa información en contra tuya, por ejemplo, si discuten y

    • no alimente tu coraje.

    • te ayude a encontrar la razón de éste y tus propios sentimientos y pensamientos al respecto.



    Cuando alguien, en su deseo de ayudarnos a sentir mejor, nos dice a todo que tenemos la razón y ataca a la persona con quién estamos enojados, puede ayudarnos a sentirnos bien momentáneamente, pero no a resolver el problema.



  4. Busca la causa original.

    Si estamos hablando de enojo crónico, resentimiento u hostilidad, necesitamos buscar en nuestra infancia y/o adolescencia, por lo menos en primer lugar.

    No importa que recientemente hayamos tenido un problema importante con alguna persona o que nos haya lastimado.
    Estos sentimientos tienen un origen anterior.



  5. Trata de darte cuenta de lo que estás pensando.
    Nuestros pensamientos tienen una relación directa con nuestros sentimientos.



  6. La mejor medicina para eliminar el enojo crónico, es el optimismo.
    No puedes ver una situación como algo positivo y estar enojado al mismo tiempo.

    Aprende a ver los aspectos positivos que hay en tu vida.
    No importa lo mal que estés, siempre podías estar peor.
    Seguramente hay cosas, o personas en tu vida que valen la pena y que sin ellas estarías mucho peor.

    Lo que sucede es que lo bueno que tenemos lo damos por un hecho, como que así debe de ser, como que es normal y esto no es cierto.
    Busca actividades que te hagan reír.







Psic. Silvia Russek
Lic. En Psicología Clínica.
Diplomado en Terapia de Pareja.
Especialidad en Terapia Cognitivo Conductual.
Terapia por Internet, por videoconferencia.
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