A nivel emocional.
Cualquier persona que se divorcia atraviesa por sentimientos muy intensos y encontrados.
Una sola emoción puede durar días o semanas o pueden cambiar constantemente en un mismo día.
Esta situación se da, aun en las personas que toman la decisión de divorciarse, ya sea por violencia intrafamiliar, infidelidad en la pareja o por un nuevo amor en su vida.
Sin embargo, cuando el divorcio es el resultado de largas crisis y conflictos o cuando la persona no quiere el divorcio, las emociones son más intensas y desgastantes.
Entre las emociones más frecuentes encontramos:
Tristeza o depresión por la relación que se ha terminado y las diferentes pérdidas que involucra el divorcio: sueños, expectativas, identidad, amigos, etc.
enojo con uno mismo y hacia la pareja, al culparla de la ruptura y del daño que ha causado a la familia,
culpa,
deseos de venganza,
alivio,
confusión,
ambivalencia,
temor y preocupación respecto al futuro,
inseguridad respecto a la posibilidad de reconstruir una nueva vida,
sentimientos de fracaso, por no haber podido evitar los problemas o "salvar" el matrimonio,
miedo a la soledad y/o a tomar decisiones equivocadas,
remordimiento, sobre todo por el dolor causado a otras personas (hijos, padres, etc.),
etc.
Todos estos sentimientos son normales.
La intensidad y duración depende de las características de cada persona y de cada situación.
La forma de reaccionar de cada quién también.
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A nivel parental.
Los padres, tanto el hombre como la mujer, pueden sentir que, cuando los hijos están con ellos, tienen que cubrir tanto el rol de la madre como el del padre.
Esto puede generarles mayor tensión.
Tienen que responsabilizarse de decisiones y aspectos de la disciplina de los hijos, que pueden ser nuevos y difíciles de llevar a cabo.
Pueden verse manipulados por los hijos o sentir el temor de que éstos no quieran estar con ellos.
Tienen que aceptar decisiones y conductas de la ex-pareja, con las que no están de acuerdo, pero en las que ya no los toman en cuenta.
Tienen que tener muy presente que el divorcio acaba con la relación como pareja, pero el contacto entre ambos y la toma de decisiones relacionadas con los hijos continúa.
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En el aspecto económico.
Un divorcio, generalmente implica cambios económicos importantes.
Cada una de los miembros de la pareja va a tener los gastos propios de casa, comida, etc., además del mantenimiento de los hijos.
Si la mujer no trabajaba, va a depender de lo que le de el marido y posiblemente de un sueldo que tiene que aprender a administrar.
Si el marido no le da lo suficiente para cubrir sus gastos o si su sueldo es insuficiente, la mujer tiene que aprender a privarse de muchas cosas.
Incluso de algunas necesarias.
Cuando el hombre cubre todos los gastos de los hijos y le pasa pensión a la mujer, sus gastos aumentan de manera considerable y no siempre tiene ingresos suficientes para vivir desahogadamente.
Los niños también se enfrentan a cambios económicos, que no siempre aceptan.