No más preocupaciones innecesarias.




Las preocupaciones innecesarias nos debilitan físicamente y nos desgastan emocionalmente, haciéndonos perder el tiempo que podríamos utilizar en mejorar nuestra calidad de vida y nuestras relaciones.



¿Te preocupas constantemente?





Hazlo, sólo cuando realmente es
útil y necesario.





"Si estás convencido de que sintiéndote mal o preocupándote mucho, cambiará algo que ya sucedió o que va a suceder, entonces posiblemente vienes de otro planeta, en donde existe un sistema de realidad diferente". William James. (Filósofo y psicólogo Americano).





Esta sección te ayuda a:


1.- Reconocer las preocupaciones innecesarias.

2.- Saber qué hacer.





¿Cuáles son las preocupaciones innecesarias?



La preocupación, como todas las emociones, tiene un aspecto positivo.
Nos indica que nos enfrentamos a una situación problemática, que requiere de una solución.

Cuando la preocupación nos sirve como una llamada de atención, que nos lleva a analizar la situación, a buscar las posibles soluciones y nos motiva a actuar, adecuadamente, podemos decir que cumple con su función.

En estos casos, la preocupación nos permite funcionar adecuadamente y adaptarnos al medio ambiente, ayudándonos a mantener un estado de bienestar.

Pero existe también lo que conocemos como preocupación innecesaria o desadaptativa.

Este tipo de preocupación se refiere a los pensamientos repetitivos que nos causan inquietud, ansiedad o temor, pero que no nos llevan a buscar una solución.
Simplemente se mantienen en nuestra cabeza, retroalimentándose y aumentando cada vez más, nuestro malestar físico y emocional y alterando nuestra conducta.

Una preocupación es innecesaria, cuando:

  1. Nos encontramos frente a un problema que nos afecta directamente, pero que no está bajo nuestro control.
    Por ejemplo, la situación política del país en el que vivimos.

    Si no estamos de acuerdo con dicha situación y creemos que nos puede perjudicar, podemos tomar ciertas medidas preventivas para evitar algunas probables consecuencias.
    Pero por mucho que nos preocupemos, no vamos a lograr ningún cambio significativo.

    Aquí podemos incluir guerras nucleares, posibles accidentes de tráfico, desastres naturales, la posibilidad de que nuestros padres se enfermen, etc.

    No siempre podemos distinguir entre una preocupación necesaria y una innecesaria, por lo que la pauta nos la da la palabra "ahora".
    Si yo no puedo hacer nada al respecto en un plazo no mayor de 1 o 2 días, la preocupación en estos momentos es innecesaria.
    Quizás en algún otro memonto necesite volver a retomarla, pero hoy y mañana y en los días venideros, es innecesaria.



  2. El problema no es nuestro.
    En estos casos, aunque nos duela lo que sucede, nuestra preocupación es totalmente inútil.

    Por ejemplo:
    Podemos ver que el matrimonio de un ser querido está deteriorándose, pero por muchas noches que pasemos sin dormir, no vamos a poder salvarlo.



  3. La situación nos afecta, pero no es un problema.

    Es importante distinguir entre un problema y una situación dolorosa.
    Un problema es una situación, que tiene una solución.
    Sólo si la solución depende de mí, preocuparme adecuadamente, puedo resolverlo.

    Una situación dolorosa, es un hecho que me causa dolor, pero que no puede ser cambiado, ni evitado.
    Por ejemplo, una enfermedad terminal.
    Por mucho que me preocupe no voy a curar a la persona y sí me voy a desgastar física y emocionalmente, lo cual va a repercutir en mi relación con ella y en la ayuda que le pueda dar.



  4. Se trata de suposiciones o pensamientos catastróficos que empiezan con las palabras "Y si".

    Este tipo de pensamientos, es decir de preocupaciones, puede no tener fin, ya que su límite depende de la imaginación de cada persona.
    Con frecuencia acaba siendo muy exagerado y con muy pocas probabilidades de que suceda.



  5. Nos preocupamos por cosas que realmente no tienen ninguna importancia.

    Cuando la preocupación se ha vuelto un hábito, acabamos preocupándonos por casi todo lo que sucede a nuestro alrededor.

    Igual nos preocupamos porque no tenemos para pagar la renta, porque pensamos que cuando nuestros hijos vayan a la universidad, dentro de 10 años, no vamos a tener para pagar la colegiatura, que porque se nos quemó la carne que íbamos a servir en la cena.




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¿Qué hacer?


El primer paso es darnos cuenta qué tanto nos preocupamos.
Para ello, vamos a elaborar nuestro diario de preocupaciones.

Durante dos semanas, lleva contigo unas hojas o un pequeño cuaderno y apunta cada vez que te preocupas, sin importar la causa.
No analices, ni juzgues tus preocupaciones.
En estos momentos, no importa si son importantes o no, necesarias o innecesarias, reales o imaginarias.
Simplemente anótalas.

Ten cuidado con las preocupaciones encubiertas.
Es decir, con aquellas preocupaciones que, porque forman parte de nuestra forma de pensar, ya no las vemos como tales.
Por ejemplo, pensamientos expresados con las palabras "espero que no…", "no quiero ni pensar…", "ya se lo que me espera", etc.

Recuerda, que muchas veces nos es difícil detectar nuestros pensamientos, pero si estamos angustiados, estresados, temerosos, etc., muy probablemente estamos preocupados por algo.
Busca que pensamientos pueden estar debajo de esos sentimientos.

Una vez finalizadas las dos semanas, guarda tu diario durante 2, 3 o 4 semanas más.
Pasado ese tiempo, sácalo y cuenta todas las veces que te preocupaste.

Casi toda la gente se asombra al darse cuenta de la gran cantidad de veces que se preocupa durante el día.
Y déjame decirte, que es muy probable que te hayas preocupado mucho más de lo que registraste.
Ya sea porque no te diste cuenta que estabas preocupado o porque por algún motivo, no lo apuntaste.
A todas las personas que registramos por primera vez (y a veces por segunda y tercera) nos pasa.

Ahora analiza cada una de las preocupaciones, preguntándote:

  1. ¿Es un problema que tiene solución o es una situación dolorosa?
    Si no es un problema, táchala.



  2. ¿Tiene solución en estos momentos o no?
    Si no tiene solución a más tardar durante esa semana, elimínala, porque significa que no vale la pena que te preocupes por el momento.



  3. ¿Yo tengo el control de esta situación?
    Si no es así, quítala de la lista.

Ahora pon la situación que te preocupa en perspectiva.

Pregúntate:

  • ¿Qué tan importante es la situación que me preocupa?
    ¿Va a seguir siendo igual de importante dentro de 5 años?
    ¿dentro de 1 año?
    ¿de 6 meses?
    Si no es así, bórrala.



  • ¿Mi vida va a cambiar de manera importante, si esto que me preocupa sucede?
    Si sus consecuencias no son graves, elimínala de tu lista.



  • ¿Si no puedo hacer nada respecto a lo que me preocupa, me va a causar un gran sufrimiento?
    Si tu sufrimiento va a ser de corta duración o sólo se trata de un malestar o incomodidad, olvídate de ella.

    El daño que te causa la preocupación, aunque tu no lo detectes, puede ser mucho mayor, por lo que no vale la pena que te preocupes.


Otra técnica que te pueda ayudar a poner las cosas en perspectiva es la siguiente.
Escribe:
Si lo peor que me ha pasado en la vida es …. y lo califico con 10 (como lo más negativo) ¿esto con cuanto lo calificaría?

Trata de ser muy objetivo, ya que generalmente esto nos sirve para ver que la mayoría de las cosas que nos preocupan, realmente no son tan importantes, aunque las vivimos casi como si se trataran de vida o muerte.

Aquellas preocupaciones que obtuvieron una calificación menor a 7, déjalas pendientes para la semana que entra, pero durante esta semana no pienses en ellas.
Las que obtuvieron 7 o más, apúntalas en una hoja aparte y en lugar de preocuparte elabora un plan para solucionarlas.

Aprende a posponer tus preocupaciones, para el momento adecuado.
Si te preocupa algo relacionado con un evento que va a suceder dentro de 6 meses, si puedes hacer algo ahora, hazlo y no te preocupes.
Si no, apúntalo y guárdalo para cuando se vaya a presentar dicha situación.

Descubre la causa real de la situación.
Con frecuencia, nuestras preocupaciones nos sirven para cubrir problemas que nos resultan dolorosos de enfrentar.
Por ejemplo, preocuparnos por la posibilidad de que a mi pareja no le guste el vestido que voy a usar en la fiesta, puede ser una forma de "tapar" mi inseguridad respecto a la fragilidad de nuestro matrimonio.

Reemplaza las preocupaciones innecesarias por imágenes o pensamientos muy satisfactorios.
Dejar de pensar en algo que nos preocupa puede costarnos trabajo, pero cambiar ese pensamiento, por un recuerdo o imagen de una situación muy placentera o "vernos" haciendo algo muy agradable puede ser de mucha utilidad.

Ten a la mano tu "archivo mental",(un grupo de imágenes ya pensadas), para tener ya preparadas varias imágenes o pensamientos con las que puedas sustituir inmediatamente tus preocupaciones innecesarias.

Nunca te sientas culpable por no preocuparte, al contrario.
Si tiene solución actúa y si no, olvídalo.
Piensa que te estás regalando salud.

Con frecuencia nuestras preocupaciones aumentan, porque tenemos malos hábitos que las provocan.
Como por ejemplo, posponer, manejar el tiempo de forma inadecuada, no saber establecer metas y llevarlas a cabo o tener una actitud pesimista que nos mantiene atados a ver sólo los problemas y los posibles aspectos negativos de cualquier situación.

Una mala autoestima es, también, un elemento importante en el hábito de preocuparnos.




Tú sabes que la información es importante, pero la acción es determinante.
Trabaja en las conductas, hábitos, pensamientos, etc., que necesites modificar.
Reconócete y apláudete por cada logro, por pequeño que sea, porque te lo mereces por tu esfuerzo.

Date el tiempo que necesites.
Busca mayor información, apoyo, etc. cuando te haga falta.
Como resultado, obtendrás el éxito.






Psic. Silvia Russek.
Lic. en Psicología Clínica.
Diplomado en Terapia de Pareja.
Especialidad en Terapia Cognitivo Conductual.
Terapia por Internet, por videoconferencia.
e-mail: bienestar.e@gmail.com

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Algunos otros artículos que pueden ayudarte con este tema son:
Acaba con las preocupaciones innecesarias.
Cómo vencer las preocupaciones.
Inseguridad sobre el futuro.
Miedo al cambio.
La importancia de las metas.
Las metas y el éxito.
Cómo establecer prioridades.
El hábito de posponer.
Autoestima, la llave de tu bienestar.
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Relajación y salud.
Respira correctamente.
Optimismo o pesimismo.








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Recuerda:

El camino al éxito, está formado por información, acción y perseverancia.

Cada paso, por pequeño que sea, te acerca a la meta.


Tú puedes lograrlo.


Silvia Russek.






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