Acaba con las preocupaciones innecesarias.



Sin darnos cuenta, somos nosotros quienes arruinamos nuestra vida diaria, preocupándonos innecesariamente por situaciones que no podemos controlar y que generalmente nunca suceden.



¿La preocupación te desgasta?





Mejora tu calidad de vida.





"Los problemas se parecen mucho a las personas; se vuelven más grandes cuando los alimentas" (Anónimo).





Esta sección te ayuda a:


1.- Conocer los diferentes aspectos de la preocupación.

2.- Comprender los motivos, que mantienen la costumbre de preocuparnos.

3.- Saber qué hacer .






Diferentes aspectos de la preocupación.



La preocupación es la sensación de inquietud o alarma, que tenemos ante ciertas situaciones que pueden ser desagradables o que creemos que pueden causarnos algún daño o malestar.

Está compuesta por uno o más pensamientos, asociados con sentimientos de miedo, aprensión o ansiedad.

La causa de una preocupación puede ser real o imaginaria, importante o intrascendente.
El grado, intensidad y duración de la preocupación, no dependen de la causa con la que relacionamos dicha preocupación, sino con nuestra percepción y evaluación de la situación y de nosotros mismos.

La preocupación puede tener dos aspectos:

  • Positivo o

  • negativo.


La preocupación es positiva, productiva o necesaria, cuando nos ayuda a darnos cuenta de que algo en nuestra vida requiere de nuestra atención y nos impulsa a la acción para analizar y solucionar adecuadamente el problema.

La preocupación negativa, improductiva o innecesaria es aquella en la que:

  • Imaginamos las peores situaciones,

  • nos quedamos atrapados en la preocupación, sin actuar o

  • queremos controlar situaciones que están fuera de nuestro control.


Podemos preocuparnos por:

  • El futuro o por

  • cosas que hicimos en el pasado.


Cuando hablamos del futuro, podemos referirnos a lo que va a suceder dentro de una hora, una semana o 10 años.

No confundas las preocupaciones reales de las imaginarias.
No todos los casos en que nos preocupamos son iguales.


En ocasiones nuestras preocupaciones están basadas en razones objetivas.

Por ejemplo:
Si vives en una zona de alta criminalidad, el preocuparte cuando caminas en la calle durante la noche es una preocupación positiva y productiva.
Pero, si eres una persona de la tercera edad, que no tienes relaciones sexuales más que con tu pareja y ésta te es fiel, preocuparte por la probabilidad de que algún día te de SIDA, es una preocupación innecesaria e improductiva.

La preocupación por el pasado, se refiere a las lamentaciones por las acciones que cometimos.
En estos casos, revivimos una y otra vez nuestras acciones, pensando que actuamos equivocadamente y que, en algún momento, por esas acciones, tuvimos o vamos a tener que enfrentar consecuencias negativas.

Son aquellas situaciones sobre las que pensamos:
"No debería..."
"Si yo hubiera..."

Cuando la preocupación se vuelve un hábito, vivimos en un constante estado de tensión que afecta nuestra manera de percibir a las personas y al mundo que nos rodea, sin que nos demos cuenta de ello.

Nos enfocamos con mayor frecuencia en el aspecto negativo y le damos mayor importancia a las consecuencias que nos pueden perjudicar.
Vivimos con cierto temor inconsciente y no reconocemos, en nosotros mismos, la claridad y fuerza necesarias para enfocarnos en los aspectos necesarios para lograr nuestras metas o resolver los problemas.

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¿Por qué nos preocupamos con tanta facilidad?



  • Algunas personas piensan que si no se preocupan, algo malo les va a pasar y que si lo hacen, pueden evitar que les suceda aquello que temen.



  • Otras creen que la preocupación los va a motivar a actuar.



  • Es algo esperado socialmente. La sociedad considera que el que no se preocupa "está mal", es un irresponsable o inmaduro.



  • Aprendemos a preocuparnos desde chiquitos, viendo a nuestros padres hacerlo constantemente y se vuelve un hábito, difícil de romper.



  • No nos damos cuenta de qué tan preocupones somos, ni del daño que nos causa.



  • Pensamos que así somos y que no podemos cambiar

  • Nos permite evadirnos del dolor o problemas que tenemos en el presente.
    Al estar centrados en el futuro o en el pasado, dejamos de vivir y de tener que enfrentarnos al pasado.



  • Biológicamente estamos constituidos para anticipar los eventos.
    Esto nos permite imaginar el futuro en sus aspectos positivos y negativos.
    Cuando lo hacemos en el aspecto negativo, que es lo más común, no existe nada que nos limite.

Cuando la preocupación se vuelve un hábito, vivimos en un constante estado de tensión que afecta nuestra manera de percibir a las personas y al mundo que nos rodea, sin que nos demos cuenta de ello.

Nos enfocamos con mayor frecuencia en el aspecto negativo y le damos mayor importancia a las consecuencias que nos pueden perjudicar.
Vivimos con cierto temor inconsciente y no reconocemos, en nosotros mismos, la claridad y fuerza necesarias para enfocarnos en los aspectos necesarios para lograr nuestras metas o resolver los problemas.

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¿Qué hacer?


En primer lugar, pregúntate:
¿Qué pasaría si, en lugar de estar preocupado por el futuro o el pasado, vivieras el aquí y el ahora y te enfrentaras a tus problemas, te relacionaras libremente y reconocieras tus habilidades, fortalezas y debilidades?

¿Qué elementos, situaciones o relaciones del presente, hacen que busques un refugio en tu pasado o en el futuro?
¿Qué harás con toda esa energía que en estos momentos inviertes en preocuparte, si decides vivir el presente?

En toda preocupación sobre el futuro o sobre una acción tomada en el pasado, pero cuyas consecuencias nos pueden afectar en el futuro, está implícito el miedo a lo desconocido, al cambio y a la falta de confianza en nuestra propia capacidad para enfrentar y resolver los probables conflictos, problemas o situaciones dolorosas.

Por lo tanto, el primer paso es definir claramente a que le tenemos miedo.
El segundo, es ver que tan probable es que eso suceda.
No estoy hablando de si es posible.
Posible, muchísimas cosas son posibles, pero no todas son probables.

Todas aquellas que califiques con menos de un 75% de probabilidad de que ocurran a corto plazo, escríbelas en otro papel y guárdalas para preocuparte por ellas dentro de un mes.
En aquellas que tengan una probabilidad mayor, anota a un lado qué puedes hacer para evitar que se de esa situación o, si se da, como puedes solucionarla, siempre y cuando, la solución dependa de ti.

Guarda el papel en un cajón, que esté cerca de ti, para tenerlo a la mano y trata de no preocuparte más, sabiendo que si es necesario, estás preparado para resolver el problema.


Haz una lista de todas, todas, las cosas que te preocupan.
Califícalas del 1 al 5, para ver qué tanto pueden afectar tu vida.
1 significa casi nada y 5, totalmente.
Todas las que calificaste del 1 al 3 posponlas para preocuparte por ellas la semana que entra, si todavía es necesario.

Haz una nueva lista con las que calificaste con 4 y 5 y escribe 6 posibles soluciones para cada una de ellas y empieza hoy a llevar a cabo, por lo menos una o dos, comprometiéndote a trabajar cada día en 1 o 2 de las situaciones que te preocupan.
En trabajar, no en seguir preocupándote.

En el artículo "No más preocupaciones innecesarias", veremos otras técnicas que te pueden ayudar.






Psic. Silvia Russek.
Lic. en Psicología Clinica.
Diplomado en Terapia de Pareja.
Especialidad en Terapia Cognitivo Conductual.
Terapia por Internet, por videoconferencia.
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Cada paso, por pequeño que sea, te acerca a la meta.

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